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Un río de lágrimas

Autor: Yehudis Golshevsky
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El joven se ocultó en varios lugares, rogándole siempre a Hashem que lo protegiera, llorando un río de lágrimas cada día

En el año 1914, acababa de desatarse la Primera Guerra Mundial y veinte millones de soldados rusos se encontraban en el frente, cayendo como moscas…. Al igual que la mayoría de los judíos religiosos, los jóvenes seguidores de la jasidut Breslov hacían todo lo que estaba a su alcance para no ir al ejército, no sólo a causa del obvio peligro que eso implicaba sino también por el galopante antisemitismo de las mismas tropas.

En Uman, muchos trataron de esconderse en el kloyz (sinagoga de Breslov) pero casi no hacía falta, debido a que las autoridades hicieron la vista gorda. Había un policía en particular, un hombre con ojos de lince, que sin problemas podría haberles hecho la vida imposible, pero sabiendo que las autoridades consideraban a estos muchachos “de mala calidad”, decidió ignorarlos. Y así fue como ellos salían a la calle a hacer compras y hornear pan, paseando sin temor por las calles de Uman.

“¿Acaso alguna vez voy a ser una persona normal? ¿Alguna vez voy a tener una familia? ¿Alguna vez va a terminar esta persecución?”

Reb Shmuel Aizik Rosenfeld tenía un hijo alto, fuerte y de muy buen aspecto, llamado Moshe Ber. Al verlo, este policía se enojó y les dijo a los bresloveros: “Hay un joven que se esconde con ustedes y que el ejército quiere en sus filas. Lo queremos y lo conseguiremos”.

Resulta que la policía irrumpió en el kloyz una noche y fue directamente a la cama donde dormía el joven Moshe Ber, pero a último momento, este dio un salto de la cama y huyó. Moshe Ber era muy ágil y rápidamente dejó atrás a los soldados que lo perseguían, pero a partir de ese momento vivió aterrado. El desertor era un verdadero fugitivo y cualquiera que lo reconociera podía dispararle, sin siquiera preguntarle nada.

Al consultar al Reb Levi Itzjak Bender, el sabio le dijo: “Si bien no puedo ayudarte, te recomiendo que vayas con Dios. Él es tu única esperanza”.

El joven se ocultó en varios lugares, rogándole siempre a Hashem que lo protegiera, llorando un río de lágrimas cada día. Finalmente, le resultó imposible quedarse en Uman y tuvo que huir a Demitrivka, cerca de Tcherin. Allí se ocultó en una hendidura subterránea, temblando de miedo y de incertidumbre.

Una vez, Moshe Ber le contó a Reb Levi Itjzak el dolor que estaba pasando: “¿Acaso alguna vez voy a ser una persona normal? ¿Alguna vez voy a tener una familia? ¿Alguna vez va a terminar esta persecución?”. Finalmente, Moshe Ber sobrevivió a la guerra y llegó a tener hijos y nietos.

Reb Levi Itzjak solía decir al contar esta historia: “¡Vemos el tremendo poder que tienen las lágrimas. ¡Nunca se den por vencidos! Derramen lágrimas y sean fuertes. ¡Dios los va a ayudar!”.

 

Basado en Noam Síaj II.

 

 

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