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No hay como Purim

Autor: Eliyahu Hecht

Después de que se les pasa la borrachera, ¿dónde quedaron? ¿qué mensaje transformador nos dejó Purim para la vida?

A veces a los adultos les cuesta sentir el entusiasmo de Purim. Al fin y al cabo, nos da la impresión de que toda esta festividad se centra en torno a los niños, o a aquellos adultos a los que todavía les queda alguna “asignatura pendiente” de la infancia. Primero está el relato de la historia con final feliz que tuvo lugar hace un montón de tiempo; luego están los disfraces, las golosinas, los carnavales. Pero ¿qué tiene que ver con todo esto el adulto sesudo? ¿Acaso todo el objetivo de esta fiesta es salirnos por un día de la cruda realidad en la que estamos inmersos y fingir ser felices por un solo día? Muchos se esfuerzan por ser auténticos en sus festejos, comiendo, bebiendo y cantando, pero después de que se les pasa la borrachera, ¿dónde quedaron? ¿qué mensaje transformador nos dejó Purim para la vida?

¿Acaso todo el objetivo de esta fiesta es salirnos por un día de la cruda realidad en la que estamos inmersos y fingir ser felices por un solo día?

Parecería que Purim es la fiesta que menos tiene para ofrecernos, especialmente si la comparamos con las “bombas” de Pesaj, Shavuot, Sucot, por no mencionar Rosh Hashaná y Yom Kipur. Pero incluso Yom Kipur, que es el día más sagrado de todo el año, es solamente “como – Purim / ke- Purim”, o sea, que en Purim uno puede alcanzar un nivel espiritual incluso más alto que el 10 de Tishrei. Pero nuestros Sabios, en su insondable sabiduría, lograron disfrazar el acceso a los más altos niveles de kedushá (santidad) tras una apariencia de frivolidad y festejos. Sin embargo, el verdadero significado de Purim está allí frente a todos nosotros. Solamente tenemos que buscar detrás del disfraz.

Purim es la fiesta que nos llena de vigor para que podamos llevar a cabo la misión de nuestras vidas, que es reclamar el lugar que nos corresponde como epítome de la Creación, tal como Hashem quiso que fuera. Pero únicamente por medio de la alegría (simjá) de las mitzvot podremos ser capaces de conquistar la atzvut (tristeza) que nos infundió la serpiente y liberar los lazos que nos mantienen atados a una realidad fuera del Jardín del Edén.

Y como dijo Rabí Najman: “Es un gran precepto estar siempre felices”. Porque esa es la forma más genuina de estar siempre conectados con Hashem.

Basado en Likutey Halajot, Oraj Jaim, Hiljot Nefilat Apaim, Halajá 4:4

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