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Hashem ama la unión

Autor: Eliyahu Hecht

A veces, no es fácil ser humano. Eso no significa que sea algo malo, sino que no es fácil

A veces, no es fácil ser humano. Eso no significa que sea algo malo, sino que no es fácil. Parte de la experiencia humana es la incapacidad inherente de apreciar completamente la unidad (ijud) de Dios.  Hasta el final de los días, no podremos unificar completamente las realidades aparentemente dispares de Kudsha Brij-Hu y la Shejiná, que son, respectivamente, cómo Hashem realmente es y la forma en que Él se manifiesta en nuestro ámbito restringido de tiempo y espacio.

En términos menos “elevados”, esto significa que en el transcurso de un día, una semana, un año o toda una vida, la persona se topa con muchísimas experiencias que piensa que son separadas unas de las otras, algunas para bien y otras para mal, y esa percepción es capaz de causar estragos en el equilibrio intelectual, emocional y espiritual del individuo. De hecho, esa es la fuente de todo el sufrimiento interno que uno tiene, más allá de los detalles específicos del desafío que esté enfrentando. En términos resumidos: sufrimos o sentimos dolor debido a que no somos conscientes de que Hashem está interactuando con nosotros a través de cada una de las vivencias que tenemos y que Hashem es únicamente Bueno.

Sufrimos o sentimos dolor debido a que no somos conscientes de que Hashem está interactuando con nosotros a través de cada una de las vivencias que tenemos y que Hashem es únicamente Bueno

El día de semana es un concepto de peulot mishtanot – actos específicos. Vamos por la vida muy ocupados haciendo una multitud de actividades: construir, hornear, escribir, borrar, sembrar, cosechar – realizando las 39 melajot – labores a fin de prosperar en el mundo físico. A lo largo de la semana, nuestra capacidad de percibir a Hashem está sujeta a la opacidad. El ambiente semanal en sí mismo oscurece el ijud, o sea, la bondad de Hashem y la realidad parece ser inconexa, falta de continuidad.

El Rebe nos enseña que Hashem nos ha dado el antídoto: el Shabat. El Shabat restaura el sentido de ajdut hapashut – la unidad simple. Al abstenernos de toda labor en Shabat estamos demostrando que los muchos provienen del Uno. Durante la semana nos dedicamos a muchas actividades distintas y ahora, en Shabat, no hay lugar para todas esas actividades. El Shabat nos demuestra que no hay pluralidad, que solamente está Hashem, Quien trabajó durante seis días y descansó el séptimo. Estamos sincronizados con el más elevado nivel de realidad: con Hashem.

El día de semana también es elevado, y aprendemos a no dejarnos engañar por las paradojas y las diversidades de la vida, y a encontrar la emuná, la unidad y la maravilla de Hashem bajo todo lo que vemos. Hashem ama la unión, ya que Él mismo es Uno y todas las cosas provienen de Él. Al tomar conciencia de esto, Le estamos causando gran deleite, porque significa que realmente Lo hemos encontrado.

 

Basado en Likutey Moharán, Tiniana – segunda parte – 2

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