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Habla con Dios de todo

Autor: Shaul Mizrahi

A veces uno tiene pensamientos confusos. Sin embargo, si uno tiene paciencia, Hashem lo va a ayudar

En la Sijá 8 del Sijot HaRan, el Rebe Najman explica de qué modo debemos rezar, y en especial durante la sesión de hitbodedut, la plegaria personal. Él nos dice que debemos hablar con Hashem y sacar afuera todo lo que tenemos en el corazón igual que un niño habla con Su padre. Tenemos que contarle todo lo que nos está pasando y todo lo que nos molesta, igual que haría un niño. Los niños no tratan de ocultar sus sentimientos ni tampoco se preocupan pensando en “el qué dirán” si dice la verdad. Así es como deberíamos hablar con Hashem.

¿Qué sucede si una persona siente que no es merecedora de ser como un niño ante Hashem? Esta persona siente que está muy lejos de tanto que ha pecado y se ha rebelado en contra de Hashem. ¿Cómo puede ahora ir a hablar con Él como un niño? El Rebe dice que, a pesar de todo, Hashem nos ha llamado “Sus hijos” (Devarim 14:1) y que eso es lo que somos, no importa lo que hayamos hecho o dejado de hacer. Y tal como han afirmado nuestros Sabios, tanto si actuamos como deben actuar los hijos de Hashem como si no, de todos modos, somos considerados Sus hijos (Kidushín 36ª). Por lo tanto, siempre podemos acudir a Él igual que un niño y hablar con Él libremente. El hecho de que nos sintamos tan lejos de Él y tan poco merecedores de hablar con Él puede ser en sí mismo el tema de nuestra conversación.

Dicho lo anterior, es posible que uno aún sienta que es indigno de considerarse el hijo de Hashem. En ese sentido, el Rebe Najman nos trae una historia acerca de su abuelo, el Rebe Najman Horodenker, cuyo yahrzeit cae el 2 de Tamuz. Dicha historia parecería no tener ninguna conexión con el tema que estamos tratando, pero igualmente sirve de guía cuando se trata de encarar pensamientos negativos.

Una vez, el Rebe Najman Horodenker iba viajando en un barco. Las provisiones se habían acabado y él hacia ya varios días que no probaba bocado. Por fin, el barco amarró en una ciudad árabe donde no vivía ningún judío. Uno de los residentes le ofreció hospedaje al Rebe Najman Horodenker y le ofreció comida. El Rebe se lavó las manos y dijo HaMotzí, pero antes de llevarse al pan a la boca, tuvo un extraño pensamiento: le vino a la cabeza el versículo “No comas el pan de la persona que mira con mal ojo” (Mishlei 23:6). Él sabía que los pensamientos no vienen así porque sí, y a pesar de haber dicho la bendición del pan, decidió no comerlo a causa de aquel pensamiento.

En ese mismo momento, le vino otro pensamiento más a la cabeza: “He enviado a los cuervos a que te alimenten” (I Melajim 17:4). La palabra “cuervos” – orvim – también puede leerse como “aravim” (árabes). Entonces el Rebe Najman Horodenker decidió comer el pan.

El hecho de que nos sintamos tan lejos de Él y tan poco merecedores de hablar con Él puede ser en sí mismo el tema de nuestra conversación.

El Rebe explica que a veces uno tiene pensamientos confusos. Sin embargo, si uno tiene paciencia, Hashem lo va a ayudar y le va a enviar un nuevo pensamiento que lo va a acercar. Por ejemplo, una persona quiere hablar con Hashem, pero le vienen a la cabeza pensamientos negativos, de que no es digno de hablar como un niño frente a Hashem. ¿Qué debe hacer en ese caso? No debe darse por vencido, sino que debe esperar y abrirse a recibir pensamientos positivos. Si uno se mantiene firme, verá que, a pesar de haber actuado de manera indebida, el hecho mismo de que desea retornar es una señal de que sí es el hijo de Hashem. Y con ese pensamiento en mente, puede quebrar las barreras y comenzar a hablar. La dificultad que tuvo en el comienzo de su hitbodedut puede ser en sí mismo el tema de apertura de la conversación, que luego lo conducirá a temas de mayor profundidad y de mayor cercanía a Hashem.

El Rebe nos asegura que, si hacemos nuestra parte, Hashem nos va a ayudar. El camino es largo, pero teniendo a los tzadikim de guías, podemos estar seguros de que lograremos llevar a cabo lo que necesitamos llevar a cabo en este mundo.

 

 

 

 

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