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Esperando el cambio

Autor: Yehudis Golshevsky

Rebe Najman les enseñó a sus discípulos que no debían criticar a los demás ni reprenderlos

Rebe Najman les enseñó a sus discípulos que no debían criticar a los demás ni reprenderlos, por mucha buena intención que tuvieran, a menos que tuvieran perfectamente en claro que esa crítica realmente iba a ayudar. Muchas veces, el intento mal sincronizado o mal ejecutado de una persona por ayudar a otra a retomar la buena senda causa más daño que beneficio. Saber cuándo dejarle espacio al otro para que avance a su propio ritmo muchas veces es la mejor forma de acercarlo a Dios.

En Uman había un hombre llamado Aaron el Carnicero, que era quien alquilaba la panadería del pueblo. Durante un tiempo, este hombre asistió a la sinagoga Breslov en Uman, pero su falta de decoro allí era evidente: a menudo se ponía a conversar en voz alta durante los servicios, molestando a los presentes.

Muchas veces, el intento mal sincronizado o mal ejecutado de una persona por ayudar a otra a retomar la buena senda causa más daño que beneficio. Saber cuándo dejarle espacio al otro para que avance a su propio ritmo muchas veces es la mejor forma de acercarlo a Dios.

Obviamente, muchos de los asistentes se quejaron, pensando que este hombre únicamente iba a cambiar si lo echaban de la sinagoga en señal de advertencia, permitiéndole el retorno únicamente a condición de que mejorara su comportamiento. Pero cuando le preguntaron a Reb Avraham ben Rav Najman, uno de los principales líderes de Breslov de aquella época, qué le parecía su plan, él se opuso en forma terminante.

“Escuchen, ustedes ven que este hombre no es lo que se llama un jasid Breslov en el sentido estricto del término”, les dijo. “Entonces ¿por qué él elige rezar con nosotros? ¿Qué es lo que lo atrae a nuestra sinagoga? Y dado que elige rezar con nosotros, es evidente que tenemos la responsabilidad de darle la bienvenida, para que pueda absorber el ambiente tan especial de nuestra tefilá (rezos). Es evidente que él viene acá debido a que siente la alegría y la concentración de nuestros rezos. Si le tenemos paciencia, es de esperar que haga grandes mejoras con el tiempo”.

Finalmente, Aarón el carnicero se trasladó a Norteamérica. Y si bien por aquellos años, la gran mayoría de los judíos que inmigraban a USA se alejaron del judaísmo, no ocurrió lo mismo con él. Su hija les escribía cartas a sus familiares en Uman diciendo lo orgullosa que estaba de su padre, que había adquirido mucho irat Shamaim (temor del Cielo) a pesar – o, tal vez- debido a─ los nuevos desafíos en el nuevo continente.

“Papá incluso habló en la sinagoga acerca de la falta de concentración en los rezos”, contó ella. “Él dijo: ‘¿A esto ustedes lo llaman “un buen rezo”? ¡Pues que sepan que yo solía rezar con los bresleveros en Uman. ¡Ellos sí saben lo que es la tefilá!’”.

 

Basado en Síaj Sarfei Kodesh VII, 182

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