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El Coronavirus y yo

Autor: Yossi Katz

El aire fresco y primaveral llama a los niños a ir al aire libre. Y ellos no entienden por qué no pueden salir

“¿Por qué no puedo salir a jugar afuera?”. El aire fresco y primaveral llama a los niños a ir al aire libre. Y ellos no entienden por qué no pueden salir y tienen que quedarse encerrados en casa por lo que les parece ser una eternidad. Nosotros, los adultos, queremos volver a la “vida normal”. Hemos hecho teshuvá, hemos rezado con fervor para que se curen los enfermos y para que lleguen épocas mejores, y hemos escuchado un sinfín de charlas de inspiración. ¿Acaso no es hora ya de que volvamos a disfrutar de la buena vida? ¿Por qué tenemos que esperar tanto?

En realidad, no somos los primeros en sentirnos así. La parashá Tazría habla del metzorá, la persona que habló mal de su prójimo y ahora sufre de una plaga en la piel. Una vez que la plaga ha sido confirmada por el Kohen, el metzorá debe quedarse en cuarentena hasta que se cure. Luego el Kohen vuelve a examinarlo y, cuando considera que se ha curado completamente, se lo salpica siete veces con una mezcla de agua y sangre de pájaro. Luego debe lavarse la ropa, rasurarse todo el cabello del cuerpo, bañarse y permanecer en cuarentena durante siete días más. Finalmente, al séptimo día, nuevamente se lava la ropa, se rasura el cabello y se sumerge en una mikve. Uno pensaría que después de todo esto va a ser declarado “puro” y podrá retornar a la sociedad, pero la Torá lo hace esperar hasta el octavo día, cuando se ofrende su sacrificio: recién entonces está por fin completamente puro. ¿Por qué la Torá lo somete a una espera tan larga? ¿Por qué no lo purifica de inmediato y expía sus faltas?

Hemos hecho teshuvá, hemos rezado con fervor para que se curen los enfermos y para que lleguen épocas mejores, y hemos escuchado un sinfín de charlas de inspiración. ¿Acaso no es hora ya de que volvamos a disfrutar de la buena vida? ¿Por qué tenemos que esperar tanto?

De la misma manera, el Kohen que ha sido expuesto a una impureza no puede consumir la terumá hasta que no se haya sumergido en una mikve y recién después “de que se ponga el sol, será ritualmente puro, y luego podrá comer de las ofrendas sagradas, porque es su alimento” Levítico 22:7). Este versículo implica que si bien el Kohen ha llevado a cabo un acto de purificación como ir a la mikve, tiempo (representado por la puesta del sol y el comienzo del nuevo día), es el catalizador final de su cambio de status.

Siendo que no entendemos por qué Dios ha infectado al mundo entero con el coronavirus, por primera vez en toda la historia el mundo entero se ha unido en una misión común de distanciamiento social. Se nos ha dado a todos una oportunidad como si fuéramos “metzorá” de alcanzar un cambio permanente.

Espiritualmente, no podemos curarnos sin que pase tiempo. Si bien anhelamos un objetivo espiritual, la experiencia humana no nos permite llegar allí de manera inmediata. Cuanto más sentimos las restricciones del tiempo, más grande es nuestra capacidad de desarrollar el deseo y la fuerza de voluntad para realmente crecer y parecernos más a Dios.

Cada día (por más parecidos que puedan ser ahora) es una creación completamente nueva. Ahora nos parece tal vez que la vida se ha congelado y no cambia, pero no hay nada más lejos de la verdad. Estas experiencias que estamos viviendo han sido hechas a medida y Dios constantemente manipula cada una de nuestras interacciones para que podamos en un estado constructivo de flujo espiritual. Si confiamos en Su proceso, cada día nos va a dar una nueva oportunidad de aumentar nuestro deseo de alcanzar los objetivos para que podamos volvernos merecedores de la bendición de Dios.

Las siete semanas de la Cuenta del Omer se comparan con la nidá, la mujer que cuenta siete días para purificarse (Zohar, Emor 97b). ¿Por qué ella no puede ir de inmediato a la mikve y por qué tenemos que contar siete semanas para ser dignos de recibir la Torá? La respuesta es que para purificarnos y cambiar, tenemos que recurrir a nuestra fuerza de voluntad y nuestro anhelo. Recién entonces Dios decide que somos capaces de alcanzar nuestro nuevo estado y permanecer en él.

En vez de meramente quedarnos sentados en casa y esperar con impaciencia, empecemos a contar y a reconocer que cada día es algo especial y único. Esto aumentará nuestra capacidad de cambio de modo tal que no sólo recibamos la Torá sino también la salvación última, que es el arribo del Mashíaj, muy pronto y en nuestros días. Amén!

 

Basado en Likutey Halajot, Birjot HaShajar 5

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