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Dos mundos aparte

Autor: Yossi Katz

En ciertos momentos de la historia, si las cosas hubieran sucedido de acuerdo con la progresión natural de los acontecimientos, el mundo habría sido completamente diferente. Esto es lo que pasó en la parashá de esta semana.

Jacob es el judío por antonomasia. Jacob pasaba días y noches estudiando Torá y trabajando para perfeccionarse espiritualmente. Y tenía un nivel espiritual tan alto que el Rey David llamó a la generación de personas que buscan la espiritualidad “Jacob”, tal como está escrito: “Así es la generación de aquellos que Lo buscan, de aquellos que buscan Tu rostro, Jacob, sela” (Salmos 24:6).

Jacob es el judío por antonomasia. Jacob pasaba días y noches estudiando Torá y trabajando para perfeccionarse espiritualmente.

Si bien Jacob vivió en este mundo físico, su alma constantemente centelleaba en dirección al Cielo. Él logró pasar por encima de las trivialidades y las pruebas de la vida debido a que vivía con el conocimiento de que todo lo que sucedía era por voluntad de Di-s, y que todo era por su bien eterno.

Por el contrario, Esav estaba fuertemente arraigado en este mundo materialista. En hebreo, el nombre Esav comienza con las letras ain-sin, como en el término asiá (acción), que se refiere a nuestro mundo, el Mundo de la Acción, que es el mundo más bajo de todos.

Mientras que la presencia de Di-s y Su voluntad son evidentes en los mundos superiores, el gran materialismo que reina en nuestro mundo hace que Di-s parezca estar oculto para nosotros. Debido a que Esav no vivía con el mismo sistema de creencias que su hermano, él no contaba con la capacidad de elevarse por encima de las dificultades de este mundo. El resultado era una vida carente de alegría y de sentido.

A fin de llenar ese vacío, Esav llenó su vida de vanidades y de inmoralidad. Pero si sus diferencias nos resultan tan obvias, entonces ¿cómo es posible que no hayan sido obvias para sus padres, Itzjak y Rivka? La Torá nos cuenta que Itzjak amaba a Esav debido a que “cazaba con la boca” (Génesis 25:28). El Targum explica que Esav le daba a comer a Itzjak de los animales que cazaba. ¿Acaso es posible que Esav haya podido realmente comprar a Itzjak por el precio de un plato de carne?

Todos los que trabajamos sabemos que, a diferencia de aquellos que se sientan en la tienda de la Torá a estudiar, el trabajo nos presiona y nos ocupa con una miríada de detalles. A veces nos sentimos abrumados y nos cuesta recordar que en realidad es Di-s el que mueve los hilos. Itzjak sabía que Esav, tal como su propio nombre l o implica, era un hombre mundano, pero él pensó que el rol de Esav consistía en salvar la brecha entre la voluntad de Di-s y Su aparente ocultamiento en este mundo.

Siendo que Esav había alimentado a su padre, Itzjak pensaba que Esav necesitaría sus bendiciones a fin de prosperar, para que entonces pudiera mantener a Jacob. La caridad, más que cualquier otra cosa, refleja la fe en que la riqueza es algo dirigido únicamente por Di-s. Al mantener a un erudito de Torá como Jacob, Esav iba a elevar el Mundo de la Acción para que sirviera de catalizador para la santidad y revelara que incluso las cosas más mundanas, tal como el dinero, también reflejan la voluntad de Di-s.

Por lo tanto, Esav le preguntó a su padre: “¿Cómo se diezma la sal y la paja?” (Tanjuma, Toldot 8). Si bien estos dos elementos no necesitan ser diezmados, Esav quería engañar a su padre, hacéndole pensar que a él (Esav) le interesaba mantener a los kohanim en el más alto nivel. Al final, Jacob fue bendecido con riquezas mundanas y el potencial de Esav también pasó a ser nuestra función.

El trabajo y el materialismo amenazan con ponernos bajo su dominio, para que nos olvidemos de Di-s y de la función de revelar Su presencia en nuestras vidas. Pero cuando recordamos que Él está oculto en todo lo que vivimos y que todo lo que Él hace lo hace para bien, entonces podemos anhelar sentir Su Unidad en cada aspecto de nuestras vidas. Y entonces podemos transformar este mundo y su oscuridad y su lamento en una carroza para Su Luz y Su gloria. Amén!

 

Basado en Likutey Halajot – Arev 3

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