Anhelo de santidad

Rebe Najman habló a menudo del tremendo poder del anhelo. Él enseñó que los obstáculos nos los envía Hashem para intensificar nuestro anhelo de un objetivo sagrado, ya que es la fuerza del anhelo lo que impulsa a la persona a un nivel o un objetivo que, de otro modo, tal vez no sería digno. En Likutey Moharán I:56, él explica que, en cierto sentido, somos como niños pequeños: cuanto más se nos niega algo, más lo queremos. Y esto se aplica en forma especial a uno de los más grandes objetivos de todos: ascender a la Tierra de Israel, a lo que el Rebe describe como el lugar ideal para que el judío se transforme en un “ish jail” – en un hombre de valor, un guerrero en el servicio Divino.

Él enseñó que los obstáculos nos los envía Hashem para intensificar nuestro anhelo de un objetivo sagrado, ya que es la fuerza del anhelo lo que impulsa a la persona a un nivel o un objetivo que, de otro modo, tal vez no sería digno.

Una cantidad de personas le dijo al Rav de Chmelnik, cuyo hijo Yoske se había casado con la hija mayor del Rebe, Adel, que el Rav de Voloshisk, cuyo hijo Pinjas se había casado con otra hija del Rebe, Miriam, ya hacía cuarenta años que anhelaba tener el mérito de poder irse a vivir a Eretz Israel.

Cuando el Rav de Chmelnik oyó esto, dijo: “¿Qué es todo este alboroto de anhelar durante cuarenta años ir a Eretz Israel? ¡Se junta el dinero y se va!”. Alguien le contó este diálogo al Rebe Najman, quien dijo: “El Rav de Voloshisk, que está lleno de anhelos por Eretz Israel, al final tendrá el mérito de llegar allí. Y el Rav de Chmelnik, que dijo que solamente hace falta juntar el dinero para ir, jamás llegará allí”.

Y así fue: poco después de esa ocasión, el Rav de Voloshisk se trasladó a Eretz Israel junto con toda su familia, y tuvo el privilegio de residir allí varios años.